No necesitas estar presente para una sesión energética (y te explico por qué)

Un único sillón azul claro en una habitación minimalista con un gran ventanal esmerilado, suavemente iluminado por la luz natural, creando una atmósfera que irradia tranquilidad y energía a distancia.
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Una de las preguntas que más me hacen es esta:
“¿Pero cómo puedes trabajar a alguien si no está delante de ti?”

Y la respuesta es muy sencilla:
porque la energía no funciona como el cuerpo físico.

No va de distancias, ni de estar en la misma habitación, ni de verte por videollamada. Eso es algo que necesitamos a nivel mental para sentirnos más tranquilos, pero a nivel energético no hace falta.

La energía no entiende de kilómetros

Cuando trabajo con una persona, no estoy trabajando su cuerpo físico.
Estoy trabajando su campo energético. Y ese campo no está limitado por el espacio.

Con una foto, un nombre o unos datos básicos, puedo acceder a esa frecuencia concreta, igual que sintonizas una emisora de radio sin tener la antena delante.

No hay desplazamiento.
No hay “viaje” de energía.
Hay conexión.

Entonces, ¿para qué sirve una videollamada?

Aquí hay que diferenciar bien dos cosas.

Una cosa es la sesión energética en sí, y otra muy distinta es el acompañamiento posterior.

La sesión no la hago en directo por videollamada. No la necesito.

Cuando estoy trabajando energéticamente, necesito estar completamente enfocada en lo que estoy percibiendo y moviendo. No estoy hablando, no estoy explicando, no estoy pendiente de nadie.

Además, siendo clara: si la otra persona está mirando, no se relaja y yo tampoco trabajo igual.

Entre caras raras, movimientos involuntarios o sensaciones físicas que aparecen durante la sesión, lo único que se genera es incomodidad innecesaria y distracción.

Y eso, lejos de ayudar, entorpece el proceso.

Entonces, ¿dónde entra la videollamada?

En la devolución de la información. Ahí sí tiene todo el sentido del mundo.

Porque es el momento de explicar lo que ha salido, orientar a la persona, resolver dudas en directo y acompañar de forma más cercana.

Hay personas que prefieren recibir todo por audio, más tranquilo y a su ritmo.
Y hay otras que necesitan ese contacto más directo.

Las dos opciones son válidas.
Pero la sesión, como tal, no necesita hacerse en directo.

¿Y estar físicamente presente?

Aquí pasa algo parecido.

No es necesario.

Hay técnicas concretas que necesitan trabajar desde el cuerpo físico, tocando directamente el campo electromagnético de la persona.

Pero no es mi caso.

Yo no trabajo desde ese nivel.
Trabajo en capas más profundas del campo energético, donde el contacto físico no aporta nada.

De hecho, cuando estás físicamente con alguien, hay un cruce constante de campos energéticos. Y eso puede generar interferencias, mezclas o incluso cargas que no tienen nada que ver con el proceso que estás haciendo.

A distancia, el trabajo es mucho más limpio, más preciso y sin ruido.

Cómo trabajo realmente a distancia

Yo no trabajo directamente sobre la persona.

Trabajo a través de su Yo Superior y de sus guías, que son quienes gestionan el proceso desde un nivel mucho más amplio.

Y aquí hay algo clave:

Nunca trabajo sin permiso.

El libre albedrío es fundamental.

  • Si la persona es adulta, necesito su consentimiento.
  • Si es menor, a partir de 14 años, también.
  • Si es un niño pequeño o una persona que no puede decidir, lo autoriza la persona responsable.

Pero incluso en estos casos, antes de empezar, verifico algo esencial:

Que su Yo Superior me dé permiso.

Si no hay permiso, no hay sesión.

Porque el trabajo energético real no va de imponer nada, va de colaborar con el proceso de la persona.

Lo importante no es verme, es lo que cambia

Entiendo que, desde fuera, pueda parecer raro.

Nos han enseñado que todo tiene que ser visible, tangible, medible.

Pero en este campo, lo importante no es lo que ves, es lo que cambia.

Y eso no depende de una cámara, ni de estar sentados uno delante del otro.

Depende de la conexión, del permiso y de cómo se trabaja esa energía.

Si has llegado hasta aquí y algo de esto te resuena, ya sabes que no necesitas desplazarte ni encajar agendas imposibles.

El trabajo se hace igual.
Y muchas veces, mejor.

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